La televisión es uno de los instrumentos que más influye en la personalidad infantil y uno de los medios de comunicación favoritos para el entretenimiento en general. Esta poderosa influencia afecta a los más pequeños e incluso genera un fuerte impacto en el televidente adulto.

La televisión al ser un medio accesible interfiere en la vida diaria como un creador de opinión. Siendo tomada como única referencia y, en el peor de los escenarios, elegida por los mismos adultos como principal modelo formador de valores para los más vulnerables.

¿Qué observan nuestros niños?

En los canales abiertos de la televisión de Argentina, por ejemplo, los contenidos temáticos, visuales y narrativos no siempre están cuidadosamente diseñados con el fin de crear información enriquecedora.

 

Entre los programas estrella de alto rating en horarios de la tarde, se encuentran los dedicados a explotar los chismes y escándalos del espectáculo, e incluso llegan a reemitir escenas grotescas televisadas en horarios nocturnos para adultos.

Son los niños los más afectados al no contar con un espacio dedicado para ellos, programado en su horario y con una variedad de producciones originales y realizadas con calidad. La poca oferta con la que se encuentran es de producciones animadas extranjeras y ubicadas en horarios de relleno.

¿Un reto imposible de cumplir?

Al crear un producto audiovisual intervienen factores creativos y económicos que influyen en la escritura del discurso final. La realización de un material televisivo para niños es compleja, no sólo por lo difícil que es hacer obras desde una mentalidad adulta que atraigan y mantengan la atención del pequeño espectador.

Además, debe ser un producto lo suficientemente inteligente para provocar una reflexión y estimulación frente a temas y conceptos más complejos en sus vidas. Para esto el equipo de producción requiere contar con una profunda investigación del mercado infantil y de cada temática a visualizar.

Para muchos productores esto implicaría una inversión insegura ya que debe contar con la supervisión de especialistas en educación infantil, con un formato en donde exista un escenario participativo e incluyente. Todo bajo un esquema de producción acorde para disminuir tiempos y costos en la realización de cada capítulo.

Desde el área creativa no son muchos los realizadores que se animen a producir proyectos para hacer una televisión atractiva con un lenguaje audiovisual rico, con diversas temáticas y que éste a su vez incluya al público infantil.

Canales infantiles

En la década de los 90 surgieron canales de televisión infantil de grandes productoras estadounidenses privadas, con una oferta atractiva y enfocada a entretener de modo educativo a los niños pero se visualiza sólo por medio de canales pagos.

Estos canales están segmentados para audiencias de diferentes edades que se agrupados en consideración de la etapa de desarrollo de su público objetivo. Retomando el ejemplo de Argentina, un programa puede estar dirigidos a pequeños de cuatro años hasta a jóvenes adolescentes de 17 años, en un mismo target.

Al igual, son productos fabricados cuyo objetivo traspasa el simple ideal educativo, siendo formadores de gustos, de moda, incluso llegan a influir en los afectos de sus pequeños televidentes y crear verdaderos consumidores del merchandising de turno.

La regularización audiovisual

Televisión infantil de calidad del mundo es un evento realizado anualmente en Colombia cuyas temáticas abarcan las enormes diferencias que tenemos con países del primer mundo en donde valorizan al público infantil. En la práctica, países desarrollados cuentan con verdaderas políticas educativas y entes regulatorios de los contenidos en la televisión nacional de cada país.

En ocasiones, las leyes de televisión que moderan los sistemas audiovisuales latinoamericanos son leyes anacrónicas, implementadas varias décadas atrás y creadas con fines particulares y no colectivos. En Argentina actualmente existe una pugna entre el Gobierno y opositores por implementar una nueva Ley de medios audiovisuales que modificaría la implementada en la época de la dictadura militar.

Compromiso de todos

La responsabilidad de los adultos no radica en proveer a los niños de televisión por cable, reside en crear un compromiso frente a la cantidad y calidad de televisión a la que están expuestos diariamente, y en exigir como ciudadanos verdaderas leyes que regulen los contenidos y a quienes los realizan.

Todo deja como manifiesto que el público infantil es de los más subvalorados por los medios de comunicación, productores, dueños multimedios y los entes de protección al consumidor. Condicionando con estos factores que lo que finalmente reciba cada niño y niña no sea apto para su consumo.

La televisión hace parte instintivamente del mundo contemporáneo y debe ser vista como una herramienta que permite no sólo la accesibilidad a la información, sino además un estimulador de los niveles del conocimiento. No tiene que darlo todo, no debe ser el único generador de opinión y formación. Pero si debería invitar al televidente, niño o adulto, a cuestionar el mundo.